A pesar de que los depósitos en dólares del sector privado alcanzaron un récord histórico cercano a los U$S 40.000 millones -cifra inédita en los últimos 25 años-, el sistema financiero argentino enfrenta un cuello de botella. Casi el 50% de esos fondos permanece "inmovilizado" en los bancos, debido a regulaciones que impiden prestar divisas a quienes no las generan.
Esta sobreabundancia de liquidez explica por qué los bancos ofrecen rendimientos mínimos. Con tasas que oscilan entre el 1% y el 2% anual -y apenas superan el 3% en plazos largos-, las entidades no tienen incentivos para captar más depósitos en una moneda que no pueden colocar rentablemente.
Actualmente, el stock de crédito al sector privado es de U$S 23.000 millones, lo que deja un excedente de U$S 17.000 millones sin uso.
El peso de la herencia de 2002
La raíz del problema es regulatoria. Desde la crisis de la Convertibilidad, rige una norma prudencial que prohíbe a los bancos prestar dólares a sujetos que no sean exportadores o integren su cadena de valor.
El objetivo es evitar el "descalce de moneda" que colapsó el sistema en 2001, pero el costo actual es la asfixia del crédito hipotecario y productivo en divisas.
En este contexto, el exministro Domingo Cavallo propuso en su último análisis imitar los modelos de Perú y Uruguay. Según Cavallo, es necesario transitar hacia un esquema bimonetario que permita utilizar estos ahorros para financiar tanto el capital de trabajo de las empresas como las inversiones de las familias.
Sin embargo, el propio economista reconoció que este salto requiere eliminar los controles de capitales (cepo), una meta que el equipo económico aún ve lejana.